La otra crisis: El progresismo de lo público

           El maestro Ábalos, ahora ministro del Gobierno de Sánchez, dejó la docencia hace un montón de años para entrar en la política y así servir mejor al pueblo soberano. Él decidió dar ese paso y solo él será el que decida retomar esa labor magistral o disfrutar, casi mejor, de una merecida prejubilación.

            Los progresistas de nuevo cuño no aspiran a otra cosa que no sea trabajar en lo público, como funcionarios, como políticos o asesores con dedicación remunerada. De hecho, si no les supusiera una mala propaganda, retirarían del currículo educativo todo lo referente al emprendimiento; una competencia clave que aparece en la LOMCE, esa ley educativa que van a derogar en breve.

            Afirman que “lo público es de todos”, pero saben bien que ese “todos” se puede traducir como “nadie”, y que en ese “nadie” entran ellos, los que manejan los hilos del poder político y mediático.

            Pero se equivoca el ministro Ábalos cuando afirma que a él no lo echa nadie. Seguramente no tendrá ni que esperar a las próximas elecciones generales, cuando los socialistas ocuparán la bancada de la oposición, pues lo cesarán sin miramientos si empieza a ser una molestia para la maquinaria progresista. Porque esa es una de las pegas de esta ideología totalitaria: el apego a lo público, al poder y a los cargos, es tal en cada uno de sus palmeros, que son capaces de pasar por encima de cualquiera para alcanzar sus ansiadas pretensiones. ¡Si hasta en Vox pasan estas cosas! ¿Verdad, señor Abascal?

En el colegio, la familia es lo más importante

Artículo publicado en Magisnet

Más de uno ya ha caído en la cuenta: Cuando una persona progresista desea dejar clara su postura y que todo el mundo entienda sus palabras, se olvida a sabiendas de usar el lenguaje inclusivo. Que se lo digan a la ministra de Educación, la señora Celaá, que no se atrevió a decir que “las hijas y los hijos no son de sus madres y de sus padres”, sino que siguió las directrices de la RAE y usó el género no marcado, el que ahora algunos denominan “masculino inclusivo”.

            Y claro que los hijos no son de sus padres, pero la ministra debería saber que la familia es una comunidad natural anterior a la aparición del Estado, el primer ámbito de la vida humana, donde nacen y se crían los hijos. Y estos, aunque tampoco se lo crea la señora Celaá, son los últimos en importancia en un centro escolar. Como bien decía Víctor García Hoz, “lo primero en la intención es lo último en la ejecución”. Por eso, si un colegio desea que sus discentes lleguen a ser protagonistas de la educación y puedan ampliar y perfeccionar su capacidad de obrar, han de dar prioridad a la formación e intervención de las familias. De este modo, los padres podrán cumplir mejor con su misión de posibilitar la acción de los profesores, para que a estos les sea más sencillo estimular el trabajo de los alumnos. Y así, gracias a ese entusiasmo con fundamento, los discentes descubrirán que el sentido de su trabajo es su propia educación, su perfeccionamiento.

La otra crisis: ¿Libertad sin razón?

El Gobierno progresista de Pedro Sánchez nos está sorprendiendo más cada día que pasa. Muchos pensaban que derogaría la ley de educación, aprobaría la eutanasia, subiría pírricamente las pensiones o que incrementaría de forma mísera el sueldo a los funcionarios. Pero se ve que el progresismo de nuevo cuño es creativo a más no poder y es capaz de asombrar a todas y a todos. Y ahí tenemos la amonestación financiera al Gobierno Andaluz, el requerimiento judicial a la Consejería de Educación de Murcia, el nombramiento de una ministra socialista como fiscal general del Estado, el pacto de los presupuestos navarros con Bildu, el cambio de ley para reducir la pena en los delitos de sedición, la reunión con un presidente autonómico sancionado por la Junta Electoral Central, el rechazo a que una comisión europea investigue los asesinatos de la banda terrorista ETA aún sin resolver…

            Y lo más gracioso de todo es que, ante tanta sinrazón, el Gobierno de España se inventa cualquier excusa sin apenas sonrojarse. Una excusa que, por muy inverosímil que parezca, deja conforme a toda su militancia.

            Las personas que van de mano de la razón, de la verdad, son las que pueden actuar con entera libertad, sin miedo al qué dirán, sin necesidad de dar explicaciones y sin temor a sufrir un vil chantaje. Pero cuando uno se aleja de esa verdad, y se alía con la sinrazón, ha de justificar con mil excusas su mal actuar y también ha de temer el chantaje de aquellos que conocen esta limitación. La bola se hará cada vez más grande y uno llegará a ser esclavo de sus palabras y también de sus actos. ¿Verdad, señor Sánchez? ¿Verdad, señor Iglesias?

La otra crisis: Obsesión de género

          Este Gobierno de extremo progreso es un especialista en jugar con medias verdades para conseguir el beneplácito de la opinión pública. Dijo que en su nuevo proyecto de ley el área de religión sería de elección voluntaria por parte de las familias, cuando ya lo viene siendo desde hace cuarenta años. Ahora nos viene con la exaltación de las actividades complementarias escolares, como si fueran el único momento donde los discentes reciben educación en el respeto, la igualdad, la libertad, la solidaridad… Unas sesiones que suelen ser impartidas por personal no docente y ajeno al centro escolar, con unos objetivos y contenidos que no aparecen descritos en la Programación General Anual y, por lo tanto, desconocidos para las familias, los docentes y el alumnado.

            Este Gobierno progresista, al que tanto le gusta el diálogo con los independentistas, amenaza con llevar a los tribunales de justicia a todo aquel que ose oponerse a recibir algunas de esas actividades complementarias. ¿Cómo es esto posible? ¿Acaso pretenden hacernos creer que el contenido de todas esas prácticas complementarias goza con el beneplácito de la verdad absoluta? ¿Acaso pretenden hacernos creer que los docentes, cuando imparten sus asignaturas, no tratan de educar a sus alumnos en el respeto, el amor a la libertad o en la igualdad de derechos que todas las personas tienen por el simple hecho de serlo? ¿A qué se debe esa obsesión por que todos sin excepción realicen esas actividades complementarias? ¿No será porque en ellas se imparten sin control parental toda esa ideología de género que los docentes con recto sentido común se niegan a mostrar en sus clases?

            La anormal reacción de nuestro Gobierno, y de los medios de comunicación afines, ante la noticia de la aplicación del “pin parental” en Murcia, deja en evidencia la conveniencia de que las familias sean informadas de los objetivos, los contenidos, la metodología y las prácticas de todas las actividades complementarias que se vayan a realizar en el centro educativo de sus hijos. Si tan maravillosas son para la formación integral del alumnado, seguro que no tendrán ningún inconveniente en hacer pública y manifiesta toda esa información. ¿O va a ser que no?

La otra crisis: Altanería de Estado

           Este Gobierno progresista se cree de verdad que tiene el derecho primigenio para educar a los menores de este país. Y ese ilegítimo derecho nace de una soberbia desorbitada, pues piensa que puede realizar esa labor educativa mejor que las propias familias. En vez de programar un plan de formación familiar que dote de herramientas eficaces a los padres, ha decidido inundar las aulas de actividades complementarias y académicas que abarquen una educación integral (e ideológica) que, a buen seguro, se quedará coja sin la colaboración de los progenitores.

            Este Gobierno pretende cargar sobre la conciencia de los docentes con una responsabilidad inconmensurable: la de educar a su alumnado en todos los aspectos de la vida humana. Y por eso deberán ser expertos en educación vial, bucal, alimentaria, higiénica, deportiva, sensorial, afectiva, familiar, cósmica, digital, virtual, ética, ecológica, cultural, literaria, musical, teatral, matemática, social, natural, química, física, en igualdad, en diversidad de género, en libertad (sexual)…

            El Gobierno sabe que no habrá ninguna queja por parte del profesorado, pues a cambio de todo esto les va a eximir de una gran responsabilidad: la formación religiosa de sus discentes. Esta sí que va a desaparecer de la escuela. Serán los padres los que lleven a cabo esta labor en su propia casa, y solo dentro de ella, por supuesto. ¡Faltaría más!

La otra crisis: Paternidad progresista

           Nuestra ministra de Educación, la socialista Isabel Celaá, lo tiene más que claro: “Los hijos no pertenecen a los padres”. Por eso, será este Gobierno progresista el que ejercerá la patria potestad por mandato legislativo, y también judicial, y velará con un “amor de Estado” por que los derechos de los menores no sean menoscabados por sus padres; esos seres interesados que solo buscan su propio bien y jamás el de los hijos que han parido.

            Olvidan los miembros de este Gobierno, quizá por poco instruidos o por ser desconocedores de lo que pasa en la vida real, que a todo derecho se le ha de vincular un deber. Y así, si la ministra progresista se arroga el derecho de educar a nuestros hijos, también deberá asumir todas las responsabilidades económicas, laborales y demás que vienen asociadas a la crianza de la prole. O todo o nada. ¿No lo cree justo, señora Celaá? ¡Cómo añoran algunos progresistas de nuevo cuño el régimen comunista de la antigua URSS!

La otra crisis: Desfachatez progresista

           Resulta indignante el descaro que muestran algunos miembros de este nuevo Gobierno progresista ante las interpelaciones incómodas de los periodistas. Ahí tenemos al vicepresidente Pablo Iglesias que, ante la pregunta de Vicente Vallés, presentador de Antena 3 Noticias, de qué le parecía que su pareja también formara parte de este Gobierno, respondía que ya estaba bien de discriminar a las mujeres por el hecho de serlo o por ser parientes de determinados hombres. ¿Será posible semejante majadería? Pues no, señor Iglesias. La crítica sería la misma si usted hubiera colocado en este Gobierno a cualquier miembro, que no miembra, de su familia. Sí, y si su pareja, en vez de ser Irene Montero, fuera un noble y capaz varón, también hubiera sido recriminado por enchufismo dictatorial.

            Resulta insultante la desfachatez mostrada por el presidente Sánchez cuando se le echa encara el nombramiento de la exministra de Justicia, la señora Dolores Delgado, como nueva fiscal general del Estado y éste responde que no duda de su capacidad y currículo para acceder a este cargo. Pues claro que no, señor Sánchez. Pero la cuestión es otra: ¿Dónde queda la imparcialidad de esta nueva fiscal si ha formado parte del Gobierno que la ha colocado en el cargo? ¿O resultará, como ya le sucediera a Sánchez, que a partir de este momento la señora Delgado es una nueva persona que nada tiene que ver, quizá solo por el nombre y los apellidos, con la que fuera ministra de Justicia? ¿Será posible semejante desvarío progresista?

La otra crisis: Sin progresismo no hay recompensa

            Algunos ciudadanos están perplejos por la falta de espíritu crítico existente entre los diputados socialistas ante las continuas y graves contradicciones de su líder Pedro Sánchez. Y todo es por su falta de libertad, pues el que se mueva no saldrá en la foto. Y todo porque algunos dirigentes políticos no saben hacer otra cosa, su currículo no da para más, y quedarse fuera del Parlamento puede suponer engrosar las listas del paro hasta el día de su jubilación.

            Algunos ciudadanos están perplejos ante el cambio de talante de los medios de comunicación “conservadores”. De forma continua y acelerada dejaron de decir “violencia doméstica” para pasarse a la forma progresista de “violencia machista” o “violencia de género”. Del mismo modo, han adoptado el lenguaje inclusivo de las notas de prensa que les envía el gobierno progresista de turno. Y todo porque temen perder los contratos publicitarios de las instituciones públicas. Y es que se están jugando el pan de su casa… y la libertad de prensa.

            Este nuevo Gobierno progresista ha conseguido que la perplejidad también haya llegado al campo educativo. Y es que hay colegios de educación diferenciada que ya utilizan en sus comunicaciones internas y externas el lenguaje inclusivo. Más aún, alguno ha eliminado de su ideario el párrafo donde se decía que la educación era solo para chicos o para chicas. Y todo por el temor a parecer retrógrados y perder el concierto educativo que les sostiene. Y es que se están jugando el poder ofrecer una educación de calidad a todos y a todas… ¿o va a ser justo lo contrario?

La otra crisis: Fariseísmo abortivo

           Irene Montero, nueva ministra de Igualdad y actual pareja del vicepresidente Iglesias, ha decidido reformar la actual ley del aborto para permitir de nuevo que las chicas de dieciséis y diecisiete años puedan abortar sin contar con el consentimiento de sus progenitores. Y claro, algunos seguidores del expresidente Rajoy se han rasgado las vestiduras ante semejante barbaridad. ¡Menudo escándalo más que progresista!

            Los que ahora critican esta iniciativa de la señorita Montero, olvidan cuál fue el motivo de la dimisión del ministro Gallardón cuando el Gobierno de Rajoy contaba con la mayoría absoluta. Rajoy decidió que la ley de Zapatero, la que considera el aborto como un derecho y no como un delito despenalizado en tres supuestos, debía perdurar por siempre. Y se negó a que la nueva ley prevista por Gallardón, la que negaba ese vil derecho y que fue aprobada por unanimidad por su Consejo de Ministros, iniciara su periplo parlamentario. Rajoy renunció a cumplir con una de sus promesas electorales, Gallardón dimitió por coherencia y dignidad, y se sacaron de debajo de la manga esa ridícula reforma del consentimiento paternal para las menores de edad.

            Algunos se escandalizan ahora, cuando el verdadero escándalo lo fraguó la cobardía de un gobierno popular que no se atrevió a derogar ni una sola de las leyes progresistas de Zapatero. ¡Qué vergüenza!

La otra crisis: El mercantilismo de Correos

          Es admirable la cultura religiosa que tienen en la oficina de correos de mi ciudad. A diferencia de muchos, saben que el tiempo litúrgico de Navidad finaliza el domingo siguiente a la celebración de la Epifanía, con el Bautismo de Jesús, que este año cae el domingo, 12 de enero. Por eso, no les ha pesado lo más mínimo entregar las felicitaciones navideñas de sus humildes clientes, enviadas a mediados de diciembre, durante los días 9 y 10 de enero. Y es que… ¡aún era Navidad!

            Eso sí, los paquetes que Papá Noel y sus Majestades mandaron a través de Amazon llegaron puntuales al máximo y sin queja ninguna. Ahí se ve qué mueve hoy en día a Correos y cuáles son sus prioridades. Y es que, aunque sea Navidad, “la pela es la pela”.