La otra crisis: Religión y falsedad

            Los dos partidos progresistas que forman el nuevo Gobierno de España han decidido que la asignatura de religión sea de elección voluntaria por parte del alumnado, no tenga alternativa y no compute para el boletín de notas. Y con solo esta propuesta ya queda más que patente su incapacidad para gobernar este país.

            Resulta que existen unos acuerdos “inter Apostolicam Sedem et Nationem Hispanam”, firmados en el año 1979, donde en el Artículo II del segundo acuerdo se afirma lo siguiente: “Los planes educativos en los niveles de Educación Preescolar, de Educación General Básica (EGB) y de Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) y Grados de Formación Profesional correspondientes a los alumnos de las mismas edades, incluirán la enseñanza de la religión católica en todos los Centros de Educación, en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales. Por respeto a la libertad de conciencia, dicha enseñanza no tendrá carácter obligatorio para los alumnos. Se garantiza, sin embargo, el derecho a recibirla”. ¿Será verdad que ni Pedro Sánchez ni Pablo Iglesias son sabedores de esta realidad educativa pretérita? ¿O más bien pretenden aprovecharse de la buena fe de las personas desconocedoras de esta verdad, para que vean comprensible la degradación que va a sufrir esta asignatura?

            La asignatura de religión es voluntaria desde hace cuarenta años, y no por el explícito deseo de la coalición progresista que nos pretende gobernar, y se incumplirán los acuerdos de carácter internacional si se la trata de forma discriminatoria con respecto al resto de asignaturas, eliminando una alternativa que también tiene valor académico.

            Queda clara la pretensión de este nuevo gobierno: transformar la asignatura de religión en una especie de actividad extraescolar que acabe desapareciendo por inanición. Pero la solución está en nuestras manos, en la de los profesores de religión que han de lucirse aún más si cabe y en la de las familias que, aunque suponga un plus de esfuerzo, han de seguir matriculando a sus hijos en esta asignatura. Es mucho lo que está en juego, de ahí el empeño ciego de todos aquellos que no creen ni en la verdad ni en la libertad.

La otra crisis: ¿Generosidad sin justicia?

            Si la justicia consiste en dar a cada uno lo que le corresponde, la generosidad será ir aún más allá y colmar con creces lo que en justicia nos es merecido. Por eso, cuando el nuevo Gobierno de España afirma que va a aumentar hasta un 5% del PIB el presupuesto dedicado a la Educación, nos quiere vender una generosidad que no es tal. En este caso solo podemos hablar de propaganda y del mantenimiento de una ideología progresista que solo trata de beneficiar a la escuela pública.

Este nuevo Gobierno atenta contra la justicia, contra el derecho que toda familia tiene para elegir en libertad la educación que desea para sus hijos, ya sea pública o privada. Si al final solo prevalece un tipo de educación, la escuela pública y laicista, desaparece la libertad. Para que esta exista, las familias sin recursos también han de poder elegir.

            Este nuevo Gobierno nos quiere vender una generosidad sin justicia, una falacia dictatorial que se asemeja a aquel otro totalitarismo que adormecía a sus súbditos con “circo y pan”.