La otra crisis: Garantías abortivas

            El periodo de prácticas es necesario e imprescindible para discernir la vocación profesional y también para afianzar esa teoría que los estudiantes reciben en los centros educativos. Algunas empresas reciben con los brazos abiertos a esa nueva savia conceptual que reactivará la ilusión de los comienzos. Y entre esas empresas dispuestas a acoger a un buen número de becarios en prácticas está la COPE, la cadena radiofónica que va camino de ser la emisora número uno en cantidad, y por lo tanto también en variedad, de oyentes. Pero claro, no es oro todo lo que reluce y en ese desembarco masivo de becarios, jóvenes en su mayoría, podemos encontrar personas de diversas y contrapuestas ideologías, fiel corolario de un sistema educativo relativista y de la falta de criterio moral en el seno de las familias.

            Seguro que una de las noticias del informativo radiofónico de las cinco de la mañana de aquel martes, 3 de mayo de 2022, fue redactada por un jovencísimo becario, hijo de un tiempo donde la implantación del aborto es una realidad asumida por la sociedad española. Por eso, cuando informó sobre la filtración del borrador con el dictamen mayoritario de la Corte Suprema de Estados Unidos que trata de revocar el supuesto derecho al aborto en aquel país, la noticia sonaba catastrofista y terminaba con una especie de advertencia, pues de aprobarse definitivamente ese dictamen, supondría “el final de las garantías”. ¿A qué tipo de garantías se está refiriendo esta noticia de la COPE? Porque la primera garantía que las leyes de cualquier país deberían proteger es el derecho a la vida. ¡Oír para creer!

La otra crisis: Laicismo falsario y adoctrinador

La imaginación y la creatividad se ponen en juego a diario en nuestros centros educativos, y más todavía en aquellos que tratan de falsear la realidad y ocultar la verdad a su alumnado. Y es que, una tras otra, las fiestas religiosas del calendario escolar son camufladas con un ridículo envoltorio laicista que mantiene en la ignorancia sectaria a la mayoría del alumnado y a sus familias.

            En muchas poblaciones valencianas se celebra la natividad de María, el 8 de septiembre, día en que se recuerda la aparición de algunas imágenes de la Virgen escondidas durante la invasión musulmana, pero en las escuelas sólo se hace hincapié en el folclore, los bailes y la música que adornan sus procesiones.

            Y llegará la fiesta de la Virgen del Pilar, el 12 de octubre, día de la Hispanidad, y ni una cosa ni la otra serán recordadas en nuestras aulas.

            La fiesta de Todos los Santos, el 1 de noviembre, ha quedado eclipsada, sepultada más bien, por los muertos vivientes, las brujas y demás espectros que hacen su acaramelada aparición durante la jornada escolar más próxima a la noche del 31 de octubre.

            El puente de la Inmaculada, durante los días 6 y 8 de diciembre, ya no es tal, sino que ahora se denomina el puente de la Constitución… mientras ésta siga vigente, que después ya ni eso.

            La Navidad, que en las escuelas se ha quedado sin Belén, con un árbol repleto de bolas de colores y unos “villancicos laicos” por no ofender, ya sólo tiene dos alicientes desustanciados: el día de la lotería y los regalos que reparte un señor gaseoso colado y vestido de rojo. Alguno dirá que todavía se celebra la llegada de los Magos camino de Belén, pero la verdad es que la cabalgata real se ha transformado en un desfile multicolor inclasificable, donde las referencias religiosas brillan por su ausencia.

            Las Fallas, esa celebración en honor al carpintero san José, han dejado de llamarse “fiestas josefinas” y se centran ya sólo en el folclore, la pólvora, la música, el fuego y los buñuelos con chocolate. Eso sí, aún se mantiene, gracias a la devoción que le profesa el pueblo valenciano, la ofrenda floral a la Virgen María y también la misa fallera del día 19 de marzo.

            Ni se menciona la palabra Cuaresma cuando en los colegios se celebra por todo lo alto el día de Carnaval y los disfraces llenan de colorido los patios y alrededores. Tras esos cuarenta días llegará la Semana Santa y la Pascua. Las aulas y pasillos se llenarán de conejos, de huevos multicolores y cometas. Y como colofón, la última mañana antes de las merecidas vacaciones de Pascua, toda la comunidad educativa se zampará para almorzar una “mona de pascua” y media tableta de chocolate.

            Así podríamos seguir, y hasta afinar un poco más si preguntáramos a algún niño, y quizás también a algún joven docente, por qué decimos que estamos en el año 2022. A ese ocultamiento consciente y ridículo de la realidad, de la tradición religiosa de nuestro pueblo por el simple hecho de no compartir una creencia, sí que se le puede denominar adoctrinamiento ideológico. Un adoctrinamiento que pretende manipular la verdad y perpetuar en la ignorancia a esos discentes que ya no reciben formación religiosa alguna en el seno de sus familias.

La otra crisis: Una verdad inhumana

           Estaba leyendo el periódico mientras su hija de veinte meses se entretenía con sus juguetes. No se sabe si por curiosidad o por sentirse ignorada durante unos minutos, pero la cuestión es que la niña se colocó junto a su padre y empezó a observar las fotografías de las distintas noticias y anuncios publicitarios. En una de ellas aparecía un señor con barba y la pequeña, quizá para demostrar que entendía, se tocó su cara mientras decía “barba, barba”. Su padre, sin pensarlo siquiera, le dijo que no, que las chicas no tienen barba, que sólo la pueden tener los hombres. Se hizo el silencio tras pronunciar estas duras palabras y rápidamente miró a su alrededor, y también por la ventana, por si alguien había escuchado esta cruda verdad, que ya no es políticamente correcta, y lo delataba a la ministra de Igualdad, la señora Irene Montero, la misma que sostiene que toda persona tiene derecho a sentir el género que le dé la gana y en cualquier momento de su vida.

            El padre ingenuo se libró esta vez de una represalia merecida por ignorar la ideología de género que nos controla, pero quizá no tenga tanta suerte la próxima vez, cuando ya no esté rodeado del calor del hogar, leyendo el periódico plácidamente sentado en un sillón, sino en su puesto de trabajo, maestro tenía que ser, bregando con decenas de niñas que quizá piensen que cuando sean mayores también les crecerá la barba.

            Nos ha tocado vivir una época convulsa, pues se afirma que la verdad no existe, que todo es opinable, pero donde nadie puede pensar diferente ni salirse del guion de género escrito por esta ideología que se autodenomina progresista. Tanto es así que ya no son los puritanos conservadores los que censuran la letra de determinadas canciones, más bien las rescatan del olvido y las tararean para no volverse locos por culpa de ese sentimentalismo de género aleatorio tan alejado de la verdad. Ahí está, por ejemplo, esa canción del irreverente grupo “Los Inhumanos” que afirmaba con sentido común que las chicas no tienen y nunca la tendrán; y no se referían precisamente a la barba; y que ahora está censurada con pavor por los seguidores de la ideología de género. Una ideología que se ha expandido por todo el espectro político y que atenaza a la izquierda, al centro y a la derecha e impone “su verdad” sin encontrar resistencia social alguna. Pero bien, pese a todo, la verdad acabará brillando en nuestras vidas porque es el único camino que lleva a la felicidad, una felicidad que todo ser humano anhela aun sin saberlo.

La otra crisis: Ciego orgullo

            Algunas personas afirman ufanas que no se arrepienten de nada de lo realizado en el pasado y esta postura contrasta con la de otras que, aún con el perdón de la absolución sacramental, no encuentran consuelo por culpa de sus faltas pretéritas. Este era el caso del tío Luis, que permaneció como músico activo hasta casi los noventa años, y que una noche, de vuelta a casa con un par de amigos tras un ensayo de la banda, confesó a lágrima viva el pesar que tenía en su corazón. Resulta que cuando era joven, hacía más de sesenta años, agredió a uno de sus hermanos ahora ya difunto. Ese dolor, esa pena por usar la violencia contra uno de su misma sangre, le quitaba aún hoy la paz interior. Y eso que su hermano ya le había perdonado y que también, como persona creyente que era, había confesado ese pecado en el sacramento de la penitencia.

            Las personas que no se arrepienten de nada son merecedoras de la más solidaria compasión, pues permanecen ciegas por una falta de empatía que les impide ser felices y hacer felices a los demás. Y es que ya lo decía la cantante Laura Pausini hace años: “no somos ángeles, no nos caímos del cielo…”. Pues parece ser que algunos no se han enterado todavía y por eso, como creen que ya han alcanzado la perfección, no necesitan hacer examen de conciencia ni están dispuestos a aceptar la más mínima crítica.

La otra crisis: El desinterés general

            Algunos ya lo intuían y otros ni se han enterado, pero la cuestión es que la ideología progresista que aboga por difundir el relativismo se ha llevado el gato al agua y se ha impuesto en casi todos los ambientes. Y es que si todo es relativo, también lo es la verdad y el bien. Por eso nuestros gobernantes y demás autoridades, véase como ejemplo el mensaje de esta Navidad de su Majestad el Rey Felipe VI, ya no tienen como uno de sus objetivos prioritarios buscar el bien común, sino el interés general.

            Este simple cambio de concepto pudiera parecer una nimiedad, pero supone un cambio de paradigma que deja el destino de nuestras vidas en manos de los sentimientos volátiles de una mayoría social y deja indefensos a todos aquellos que se dejan guiar por la razón en la búsqueda del bien común. Porque todo interés pierde legitimidad si no está guiado por la inteligencia, sostenido por la voluntad e impulsado por la emoción. Y resulta que hoy en día lo que prevalece a la hora de tomar una decisión no es la razón ni la fuerza de voluntad, sino lo que uno siente de forma aleatoria en cada momento. Por eso uno se echa a temblar cuando desde las altas instancias nos informan sobre su firme empeño en hacer realidad un interés general que está siendo teledirigido por el simple sentimiento.

            Cuando una sociedad deja de buscar el bien, lo que es verdadero, y se deja guiar por sus dispares intereses y desintereses, generales o particulares, es capaz de aprobar sin inmutarse leyes como la del divorcio, la del aborto, la de la ideología de género o la de la eutanasia. Ojalá que en este 2022 los Magos nos regalen sentido común para saber discernir qué intereses lícitos nos convienen porque van de la mano de la verdad en busca del bien común.

La otra crisis: Un aislamiento doblemente positivo

            Desde hace ya casi dos años son muchas las personas que a la hora de realizarse una prueba de contagio por coronavirus se acuerdan de Louis Van Gaal, el que fuera entrenador del Fútbol Club Barcelona, y de su amarga queja de “siempre negativa, nunca positiva” que ahora se ha convertido en la bendición que todos desean escuchar de boca del personal sanitario.

            Los contagios se han disparado durante estas vacaciones de Navidad y no solo entre aquellos que han celebrado estos festejos rodeados de familiares, amigos y desconocidos, dentro y fuera de sus casas, con y sin mascarilla, compartiendo botella o cigarrillo… Hay algunos que decidieron celebrar en la intimidad de su hogar el misterio navideño, pese al malestar de algunos familiares, y que también han enfermado sin saber muy bien cómo ni a través de quién. Alguno dirá que a veces pagan justos por pecadores, pero quizá va a ser que no. Y por eso, visto lo visto, sí que resultó un acierto aquella decisión de quedarse en casa y no exponer al resto de la familia a un contagio masivo. Y el año que viene más y mejor. ¡Seguro que sí!

La otra crisis: Los bienaventurados de la señora Oltra

            Los valencianos de bien se han alegrado sobremanera al recibir la felicitación navideña de su vicepresidenta, la señora Mónica Oltra. Una felicitación que ningún otro político, menos aún los acomplejados llamados de “derechas”, se hubiera atrevido a enviar, pues recoge unos versículos del Evangelio de san Mateo y termina con un “Feliz Navidad”, que no con el políticamente correcto “felices fiestas” con elfos y duendes incluidos.

            El compromiso por la libertad, la vida y el amor que nos desea la vicepresidenta Oltra para este 2022, si realmente nos queremos acercar aún más al significado de esos versículos, podría concretarse de la siguiente forma: Porque tuve hambre, ya desde el seno materno, y me disteis de comer durante nueve meses; tenía sed, postrado en esa camilla de un hospital de enfermos terminales, y me disteis de beber con una sonrisa en los labios; fui forastero, cuando llegué a esa residencia de ancianos extraña para mí, y me acogisteis con cariño; estaba desnudo, desahuciado por mis limitaciones, y me vestisteis; estaba enfermo, antes incluso de nacer, y me visitasteis; estaba preso, por culpa de esa dolencia incapacitante, y vinisteis a verme…

La otra crisis: Pasteles, floristerías y virus

            Caminaba distraído mirando su teléfono móvil y se quedó de piedra cuando fue consciente de que había pisado algo blando y de color negruzco. Mantuvo la respiración, metió el teléfono en uno de los bolsillos de su chaqueta y empezó a levantar muy lentamente su pierna derecha. ¡Qué alivio cuando comprobó que no había aplastado el nauseabundo excremento de un perro o de una perra, sino un apetecible pastel de chocolate! Tras el susto inicial advirtió que se encontraba junto a una de las pastelerías del pueblo y pensó que iba a salir de dudas al instante para culpabilizar al responsable de semejante tropelía.

            Cuando llegó a su casa le contó lo sucedido a su mujer y le hizo ver cómo acabó culpando al dueño de la floristería de su no tan desgraciado pisotón. Resulta que para cerciorarse de sus sospechas se asomó al escaparate de la pastelería, pero no vio por ningún lado un pastel parecido al del incidente. Es por eso por lo que decidió entrar y preguntarle a la dependienta si allí hacían ese tipo de dulce y esta, quizá al ver su semblante serio y resuelto, le contestó que creía que no. Por lo tanto, tras esta exhaustiva investigación y dado que un pastelito no puede aparecer por obra de magia, llegó a la conclusión de que éste había salido de la floristería que había justo al lado.

            Nos puede resultar sorprendente el razonamiento efectuado por esta persona, pero aún lo es más el que hicieron algunos expertos de la Organización Mundial de la Salud para determinar que el virus SARS-CoV-2 no tuvo su origen en el laboratorio de virus de Wuhan, sino en el mercadillo que se montaba a escasos cuatrocientos metros. Ver para creer.

La otra crisis: Perversión de género

           Más de uno se pregunta a qué se debe esa obsesión sexual generalizada que nubla el pensamiento de los autores del currículo de la nueva Ley de Educación. ¿Será que no han tenido la suerte de ejercer la paternidad y desconocen por completo la psicología infantil? Porque de ser así, serían conscientes de las verdaderas demandas y preocupaciones de los niños menores de seis años, esos que cursan la etapa de Infantil, y que ni en sueños pasan por saber cómo han de construir su identidad de género o redefinir su orientación sexual.

            Hay un dicho que afirma que “piensa el ladrón que todos son de su condición” y quizá por eso mismo sería conveniente que los autores del currículo educativo sanaran antes sus probables traumas infantiles. Porque un alumno de tres años sí que sabe que es un niño y también tiene conciencia de ello. Y todo porque, al igual que cualquier persona, tiene dos ojos, dos oídos y una boca, y es capaz de ver, de escuchar y de conversar con sus padres. Pretender que sea la escuela la encargada de orientar sexualmente a los niños, pasando por encima del derecho primigenio de los padres a educar a su prole, es una auténtica abominación. Es más, al tener que utilizar material gráfico y audiovisual para adoctrinar a los infantes en materia sexual, las maestras de esta etapa educativa, y también los profesores de Primaria y Secundaria, se arriesgan a recibir denuncias por parte de las familias por un presunto delito de corrupción de menores y, si se diera el caso de atreverse a mostrar ejemplos prácticos, hasta de un presunto abuso sexual. Y tengan por seguro que las denuncias llegarán si no se plantan ante el atrevimiento inmoral del Ministerio de Educación y utilizan el sentido común y el buen hacer que todo docente vocacional siempre demuestra.

La otra crisis: El sectarismo del respeto progresista

            Hoy en día, cuando uno carece de argumentos válidos para defender su posición ante un adversario y, pese a todo, quiere salirse con la suya, lo tiene muy fácil gracias al progresismo que nos desgobierna. Tan solo ha de afirmar que ese otro es un facha y un fascista para que toda la credibilidad del susodicho quede en entredicho y su palabra ya no valga absolutamente nada. Así de fácil.

            Y es que el fanatismo de algunas ideologías ciega la mente e impide caer en la cuenta de lo evidente: en todo hogar, en toda escuela, y desde tiempo inmemorial, se educa a los niños en el respeto al prójimo, aunque sea diferente, y en el cuidado de los más débiles, de los enfermos o de los ancianos. Eso de respetar a los demás, al que es diferente, no es un invento o una reivindicación exclusiva de los colectivos LGTBI y sí una sensiblera excusa que utilizan para colar su ideología de género en todos los centros educativos y, por ende, en cada uno de nuestros hogares.

            Los padres y los maestros lo tienen más que claro y sí, desde tiempo inmemorial: jamás fomentarán ni permitirán que un niño discrimine a otro y mucho menos si este es diferente. Por eso, esas campañas de concienciación que abogan por despertar la respetabilidad hacia un colectivo determinado son innecesarias y no se entienden si no es por un interés ideológico, económico y propagandístico que resulta evidente y vergonzante.

            Cuando uno no anda en la verdad, cuando la obcecación impide ver más allá y se es incapaz de comprender que los padres tienen el derecho primigenio y constitucional de educar a su prole según sus creencias, la atrevida osadía se abre paso y se falta el respeto a lo más sagrado, a la ley y a las creencias. Porque el respeto que el colectivo LGTBI exige para sí no lo ejerce para con todos aquellos que discrepan o piensan diferente. Ahí tenemos, por ejemplo, la actitud prepotente de Verónica Ruiz, concejal de igualdad del Ayuntamiento de Castellón, y de Mónica Oltra, vicepresidenta del gobierno valenciano, que se han mofado de la medida cautelar impuesta por el auto de un Juzgado de retirar de forma cautelar un lote de libros de temática LGTBI de los institutos de la ciudad. Desprecian la decisión de un juez con el argumento progresista infalible de que se trata de una decisión fascista y promovida por una asociación de abogados “ultra plus”: ultraconservadora y de ultraderecha. Así, sin más, sin entrar a debatir acerca del contenido de esos libros. Unos contenidos que promueven una ideología de género denigrante, que desconocen la psicología infantil y desprecian la ley natural, y que son contrarios a las creencias de la inmensa mayoría de españoles. Unas creencias que defienden el amor al prójimo, la fidelidad a la palabra dada y el respeto a los demás y también a los autos judiciales.