La otra crisis: El Ministerio de Certeza

            Irene Montero sigue viviendo su particular cuento de hadas, pues jamás en su corta vida había imaginado que acabaría rodeada de escoltas, con trato de señora ministra del Gobierno de España, inquilina de un despacho de ensueño y de una casa de revista y acompañada por unos retoños que son una auténtica bendición.

            Pero la señora Montero sabe que nada es para siempre y que tarde o temprano tendrá que abandonar su despacho ministerial y pasar a un segundo plano político. Y pasarán los años, llegará su merecida jubilación y las dudas de, llegado el caso, echar mano de su ley de eutanasia para no resultar una carga material o afectiva para sus hijos.

            Y ahí anda ella, imaginando cómo será ese momento de tomar la decisión definitiva ante la presión filial y social de predicar con el ejemplo. Tanto es así que, para evitar ese mal trago futuro a cientos de miles de mujeres, ha decidido potenciar y ampliar al máximo el aborto desde su ministerio de Igualdad, como si el dicho de “muerto el perro, muerta la rabia” se cumpliera siempre a rajatabla. Pero no, pues la muerte llegará de forma inexorable, con presión o sin presión, con o sin eutanasia. La muerte, aunque para los creyentes no es el final, nos iguala a todos: ricos y pobres, hombres y mujeres, animales y personas, progresistas y conservadores. Tanto es así que la ministra Montero ya ha propuesto al presidente Sánchez un cambio de nominación para su ministerio de Igualdad: Ministerio de Certeza.

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