La otra crisis: Perversión de género

           Más de uno se pregunta a qué se debe esa obsesión sexual generalizada que nubla el pensamiento de los autores del currículo de la nueva Ley de Educación. ¿Será que no han tenido la suerte de ejercer la paternidad y desconocen por completo la psicología infantil? Porque de ser así, serían conscientes de las verdaderas demandas y preocupaciones de los niños menores de seis años, esos que cursan la etapa de Infantil, y que ni en sueños pasan por saber cómo han de construir su identidad de género o redefinir su orientación sexual.

            Hay un dicho que afirma que “piensa el ladrón que todos son de su condición” y quizá por eso mismo sería conveniente que los autores del currículo educativo sanaran antes sus probables traumas infantiles. Porque un alumno de tres años sí que sabe que es un niño y también tiene conciencia de ello. Y todo porque, al igual que cualquier persona, tiene dos ojos, dos oídos y una boca, y es capaz de ver, de escuchar y de conversar con sus padres. Pretender que sea la escuela la encargada de orientar sexualmente a los niños, pasando por encima del derecho primigenio de los padres a educar a su prole, es una auténtica abominación. Es más, al tener que utilizar material gráfico y audiovisual para adoctrinar a los infantes en materia sexual, las maestras de esta etapa educativa, y también los profesores de Primaria y Secundaria, se arriesgan a recibir denuncias por parte de las familias por un presunto delito de corrupción de menores y, si se diera el caso de atreverse a mostrar ejemplos prácticos, hasta de un presunto abuso sexual. Y tengan por seguro que las denuncias llegarán si no se plantan ante el atrevimiento inmoral del Ministerio de Educación y utilizan el sentido común y el buen hacer que todo docente vocacional siempre demuestra.

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