La otra crisis: Un código penal que condena a la vida

          El que fuera vicepresidente del Gobierno de Felipe González, el señor Alfonso Guerra, pasará a la historia por aquella mítica frase pronunciada cuando salieron victoriosos en las urnas y que ya ha superado todas las expectativas del progresismo más extremo: “A España no la va a conocer ni la madre que la parió”. Tanto es así que el actual Gobierno, el que preside el señor Sánchez, se ha atrevido a legislar para que los españoles acaten que el bien es condenable y el mal defendible, que la verdad no existe y que la falsedad se ha de convertir en ley. ¿El mundo al revés y aquí no pasa nada?

            Todo aborto es un auténtico drama, ya sea espontáneo o provocado, y nuestras autoridades políticas progresistas, en vez de buscar una alternativa que vaya de la mano de lo que la naturaleza ha predispuesto, se empeñan en que las mujeres se enfrenten de por vida a la pérdida de un hijo e impiden, pronto será por ley, que puedan conocer una salida digna para ellas y para los hijos que han concebido. ¡Menudo ecologismo y animalismo de pacotilla el de este Gobierno que se autoproclama progresista, feminista, naturalista y muchos más “-ista” y legisla a favor de la muerte!

            España sufre un terrible invierno demográfico y un gobierno con dos dedos de frente haría lo imposible por incrementar el índice de natalidad. Tanto es así que legislaría justo lo contrario de lo que pretende Sánchez y los suyos. Por ley, y por sentido común, establecería que toda mujer que desee abortar conozca antes otras alternativas que sí que respeten su femineidad y al hijo que llevan en sus entrañas. Un gobierno que de verdad fuera animalista, y pensara en el futuro de su país, utilizaría todos los medios que tuviera a su alcance para conseguir que no se perdiera ni una sola vida humana. Y sí, hasta establecería la obligación de que toda mujer se hiciera una ecografía antes de tomar la decisión de abortar, para que fuera consciente de que lo que hay en su seno no es un órgano más de su cuerpo, sino un nuevo ser con su propio código genético y dispuesto, en un futuro a nueve meses vista, a aportar su granito de arena en pos del verdadero progreso de la humanidad.

Deja una respuesta