La otra crisis: Al servicio de la verdad

            El pueblo de Cataluña, al menos la mitad de su población, ha decidido con sus votos que el nuevo gobierno autonómico siga siendo el mismo que ya tenían: el compuesto por los partidos nacionalistas independentistas.

            Para nada ha funcionado la nueva táctica del Partido Popular, ésa de amoldar su ideario a las habladurías de la calle, y ha quedado por detrás de Ciudadanos y muy por detrás de Vox. La nueva cúpula popular no cree en su ideario, pues está dispuesto a amoldarlo al pensamiento reinante y cambiante de la opinión pública. Los populares se creen indignos de tratar de imponer unos ideales que la gente corriente ya ha abandonado casi del todo. Creían que si se acomodaban a lo políticamente correcto iban a conseguir un resultado histórico, inmejorable. Pues ya se ha visto que no, que ese acercamiento al relativismo sólo le va a conducir a la desaparición.

            Un partido político no es una veleta ideológica que se mueve sin sentido buscando la aceptación de la gente y unos puestos públicos que le aseguren el sustento. Tampoco debe ser una apisonadora que trate de imponer su ideología por las buenas o por las malas, a través de reales decretos en un estado de alarma. Un partido político ha de tener visión de futuro y tratar de servir a los ciudadanos para que éstos vivan con dignidad y, a ser posible, con esa satisfacción que nos acerca a la felicidad. Y para ello sólo se ha de preocupar de una cosa: estar al servicio de la verdad, de la realidad que es y rodea a todo ser humano.

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