La otra crisis: La falsa generosidad progresista

            Nuestro Gobierno no cabe en sí de gozo, pues ni el actual estado de alarma ni la cresta mortal de esta tercera ola ni la crisis económica que nos rodea le están haciendo mella en las encuestas sobre la intención de voto. Tanto es así que hasta es probable que los socialistas ganen las próximas elecciones en Cataluña.

            Más de uno se estará preguntando cómo es posible que Pedro Sánchez y sus socios mantengan intacta su popularidad en estos tiempos tan críticos que estamos viviendo. ¿Será porque han sacado adelante unos presupuestos que prevén el mayor gasto social de la historia de la democracia? ¿Será porque no les importa gastar hasta endeudarse como nunca?

            No es extraño contemplar la satisfacción que algunas personas sienten al recibir alguna de las ayudas presupuestadas: dependencia, ayuda vital, regulaciones temporales de empleo… Tanto es así que ya les puedes mostrar los errores garrafales de los miembros de este Gobierno, que ellos encontrarán siempre una justificación razonable y su fidelidad política no sufrirá desgaste alguno.

            Y la satisfacción puede dar paso a la admiración ignorante. ¡Qué generosidad la de este Gobierno para con los más menesterosos y los descartados por esta sociedad aburguesada! ¿Generosidad? Para que un acto sea considerado generoso ha de buscar el bien del otro y no un descarado rédito político. No podemos considerar, a simple vista al menos, que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias son personas generosas, pues los actos de generosidad conllevan un desprendimiento de algo propio y no de algo ajeno. Y, como bien sabemos, a nadie le cuesta desprenderse de algo si ese algo no es suyo, sino de todos los españoles. ¡Qué fácil es ser “generoso” con lo bienes de los demás! ¡Así cualquiera!

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