La otra crisis: Volver a la cultura de la vida

            Finalizó ya el año 2020, no sin que antes el Gobierno aprobase y publicase en el Boletín Oficial del Estado la nueva Ley de Educación. Ése ha sido el aguinaldo que ha regalado a toda la comunidad educativa y los deberes que ha impuesto a los docentes para este año 2021. Ahí se ve la confianza que nuestro Gobierno tiene en la eficacia de las vacunas que todavía están por administrar. Y es que, según da a entender esta actitud legislativa exprés, la pandemia y los contagios estarán más que superados antes de que finalice el presente curso. Por eso, y por mucho más, ven factible que la comunidad educativa esté predispuesta y con ganas de poner en marcha una nueva ley el próximo mes de septiembre.

            Visto el optimismo vital de nuestros políticos, no estaría mal que apostaran aún más por la vida y aseguraran el puesto de trabajo presente y futuro a miles de docentes de la enseñanza pública y privada. ¿Cómo? Pues fomentando la generosidad y el espíritu de sacrificio entre los discentes y sus familias. Apoyando de forma explícita la natalidad, aunque esto signifique reconocer implícitamente que la unión entre una mujer y un hombre es la más fecunda y estable que existe.

            La política con mayúsculas ha de tener altura de miras y ver más allá de los cuatro años que dura una legislatura. Por eso, si la Lomloe prevé la construcción de nuevos centros educativos, también debería buscar la forma de conseguir llenar esas aulas sin perjudicar a los colegios concertados. ¿Cómo? Pues muy sencillo: poniendo en práctica el consejo del párrafo anterior y derogando esa Ley del aborto que ha impedido la escolarización de más de dos millones de niños españoles en los últimos treinta y cinco años. Que el señor Iglesias haga números y comprobará que, de tomar esa medida de puro sentido común, sí le salen las cuentas para la construcción de todas esas escuelas públicas que tanto ansía.

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