La otra crisis: ¿Llega la Navidad?

           Este año es un querer y no poder que a más de uno le está costando entrar en una depresión indefinida. Porque ya empezó el Adviento y persiste este estado de alerta, los toques de queda y las restricciones numéricas. Esta Navidad será diferente en las formas, pero no necesariamente en el fondo.

            Aunque también es cierto que las formas, lo externo, no ha cambiado mucho en algunos centros escolares. Allí resuenan nuevamente esas canciones que nos hablan de la bondad, del compartir, del amor y de la solidaridad, sin mencionar para nada que vamos a celebrar el nacimiento de un Niño que cambió de arriba abajo la historia de la humanidad. ¿Y qué pasa con la decoración de sus aulas, pasillos y demás estancias? Pues que ya se ven allí cientos de copitos de nieve, abetos, ciervos o renos y a ese señor gordito, barbudo y vestido con un pijama de color rojo, que vino de América con un refresco de cola en la mano. ¿Y dónde está la figura de ese Niño que a docentes y discentes les va a permitir disfrutar de unas extensas vacaciones? ¿Cómo es posible que en esos colegios se siga celebrando una fiesta de cumpleaños dejando fuera al Niño que debería soplar las velas de la tarta?

            Lo externo no ha cambiado mucho y por eso, cuando llegue el último día de clase, seguiremos escuchando en boca de muchos ese “felices fiestas” que nos conducen a la nada. Porque no hay nada más triste que querer organizar una fiesta sin nada que celebrar. Porque en estos tiempos de confinamientos, toques de queda y restricciones sin ton ni son, necesitamos más que nunca contemplar a ese Niño que nació en Belén y que llenó la tierra entera de luz, esperanza y amor.

            Esta Navidad será diferente en las formas, pero no en el fondo. Por eso, de todo corazón, les deseo una feliz y santa Navidad.

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