La otra crisis: Rebeldía lingüística

            Dicen los más antiguos y progresistas del lugar que durante la dictadura franquista les estaba prohibido la utilización y el estudio de su lengua autóctona. Hasta en la hora del recreo, si un niño osaba hablar a otro en su lengua materna, si ésta no era el español, recibía la reprensión de sus maestros y la burla de sus compañeros esbirros. Pero su espíritu no se amilanó y siguieron usando con valentía, desafiantes, la lengua que los vio nacer, la que inspiraba su pensamiento y sus ideales.

            Por eso es comprensible la necesidad, el deseo imperioso, que ahora tienen esos represaliados de recuperar el tiempo perdido para que su lengua vernácula progrese y se consolide frente a ese castellano impuesto por una dictadura que duró casi cuarenta años. Y es que las tornas han cambiado y ahora son ellos los que prohíben el uso del castellano, la lengua materna de muchas familias, dentro y fuera de las aulas, en todos los espacios públicos de la administración y, todo llegará, hasta en su mismo hogar cuando reciban alguna visita inesperada.

            Por eso es comprensible que los más antiguos y progresistas del lugar, al ser sabedores del sufrimiento ocasionado por un poder dictatorial, acepten e incluso apoyen la rebeldía de los nuevos represaliados lingüísticos. Esos que tienen prohibido hablar, pensar y rezar en español, aun viviendo en la mismísima España. Ver para creer.

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