La otra crisis: Unas aulas virtuales sin orgullo

           Parece mentira, pero la suspensión de las clases ha reforzado el derecho constitucional a la libertad de educación que tienen los padres. Por fin, y a lo largo de estos tres meses, han podido filtrar los contenidos inmorales que sus hijos, un año tras otro, recibían por asociaciones ajenas al centro docente que pasaban por encima del parecer de las familias.

            Atrás quedó la semana del libro y esos talleres literarios de ideología de género que los discentes, a partir de los tres años, realizaban sin que sus padres fueran sabedores. Y ahora, en este mes de junio, tampoco asistirán a las charlas que las asociaciones LGTBI impartían en algunos centros escolares para reivindicar un orgullo que ya nadie les niega.

            Y no será porque no lo han intentado. Durante estos meses de confinamiento las familias han recibido los correos electrónicos que asociaciones diversas remitían a los equipos directivos. Una de esas asociaciones, la Agencia de Igualdad de la Mancomunidad de La Safor, no ha perdido el tiempo y hasta ha creado un par de carpetas Drive con actividades y recursos para trabajar la diversidad sexual y la conmemoración del día del orgullo LGTBI. Y aquí llega la parte positiva de este confinamiento, pues los padres han podido elegir con plena libertad qué hacer con ese material y si desean o no presentárselo a sus hijos.

Pero que nadie se escandalice, porque esto mismo ha sucedido con los correos y enlaces que han mandado algunos maestros de Religión. Las familias, aunque sus hijos cursaban esta asignatura porque así lo decidieron, han tenido plena libertad para que sus hijos realizaran o no las actividades propuestas por estos docentes.

            Este derecho a decidir la educación moral que los padres desean para sus hijos desaparecerá, aunque no del todo, el próximo mes de septiembre, cuando los colegios abran de nuevo sus puertas. Las asociaciones que defienden la ideología de género volverán a las aulas para impartir a todo el alumnado, lo quieran o no sus padres, unos talleres alejados de la realidad y del sentido común. Aunque, como decía, ese derecho no desaparecerá del todo. Lo podrán ejercer si desean que sus hijos cursen la asignatura de Religión, pues tendrán que presentar por escrito su consentimiento. Imposición o libertad, he ahí la cuestión. Ahora toca preguntarte qué es lo que prefieres para los tuyos y obrar en consecuencia.

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