La otra crisis: Un Gobierno infantil

            Parece increíble, pero la misma persona que está en contra de la sucesión hereditaria de la monarquía, no tiene ningún problema para exigir que una mujer, la que es madre de sus hijos, ostente un cargo ministerial por el simple hecho de ser su pareja. Porque uno puede estar a favor o en contra de la monarquía, o de la república, preferir o no que el jefe del Estado sea un presidente, o un rey, pero hay algo que es evidente para todos: si los miembros de este Gobierno tuvieran una mínima parte de la formación y de la preparación que tiene nuestro Rey Don Felipe VI, la situación actual de crisis sería muy distinta.

            Los políticos que presumen de ser progresistas han de saber que también ellos necesitan instrucción. Uno no recibe ciencia infusa cuando se rebela contra la tradición y decide retomar el ideario marxista. El vicepresidente Pablo Iglesias olvida que forma parte de este Gobierno, que su papel de papá lo ha de ejercer en su casa, que ya no es el profesor que adoctrinaba en las aulas universitarias a tiernos y fascinados estudiantes, y que quizá su itinerario académico diste mucho de su actual cargo político. Por eso causa sonrojo y estupor que todo un vicepresidente del Gobierno de España pida perdón a los niños y que la disculpa se deba simplemente a la confusión generada a la hora de decidir cómo y cuándo serán sus paseos por la calle.

            Señor Iglesias, si otra vez le da por dirigir unas palabras de consuelo a los niños españoles, tenga usted claro que el verdadero pesar lo tienen por haber perdido a un ser querido y no por no poder salir de casa para dar una vuelta. Está muy bien que pida disculpas, que pida perdón, pero que sea por causas serias: por no haber podido, o no haber sabido, evitar la muerte de más de veinte mil personas.

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