La otra crisis: Candidez progresista

            La ignorancia es muy atrevida, aunque tarde o temprano deja en evidencia a la persona incauta que descuidó su formación ética y moral. Y es que, aunque parezca mentira, los progresistas de nuevo cuño desconocen una gran verdad: todos los seres humanos estamos hechos de la misma pasta. Toda persona, sin importar su raza, sus creencias, su idioma o su militancia política, es capaz de lo mejor y también de lo peor.

            Cuando uno es sabedor de esta realidad, no reacciona tal y como lo hizo Mónica Oltra, vicepresidenta del Gobierno valenciano, que mandó cerrar de inmediato un centro privado concertado de menores, ante la sospecha de que allí los residentes estaban desatendidos. Cuando uno es consciente del horror que han cometido los suyos, los de su partido, no reacciona como el señor Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno de España, que se dedicó a despotricar contra los partidos de la oposición, cuando éstos le preguntaron sobre los casos de prostitución infantil que se han dado en centros de menores públicos, tutelados por un gobierno autonómico progresista.

            Si uno es consciente de que todos estamos hechos de la misma pasta, sabrá ser comedido en sus acusaciones y humilde cuando le toque recibirlas. Porque una persona cabal deseará que la verdad prevalezca y que las víctimas sean rescatadas de ese horror. Aunque para ello tenga que tragarse su orgullo y reconocer que sí, que también las personas progresistas son capaces de lo mejor y de lo peor.

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