La otra crisis: Eutanasia campestre

          ¿Quién puede vivir del campo hoy en día si los gastos superan a las ganancias? Aquí, en mi pueblo, cada vez hay más campos abandonados, pues la agricultura ha dejado de ser un trabajo y se ha convertido en una mera tradición familiar. Una responsabilidad que solo pueden mantener los que, sacrificando las horas de descanso, dedican al campo sus horas libres y sus vacaciones. Una afición donde las personas ya jubiladas pasan horas y horas entretenidas, sintiéndose útiles y repartiendo entre familiares y amigos los frutos de su esfuerzo desinteresado.

            A todo esto, hay que añadir que nuestra sociedad es cada vez más hedonista y ya no está de moda eso de sacrificarse por algo sin recibir nada a cambio. Y por eso se ven campos abandonados por doquier y solo siguen en producción los que trabajan nuestros agricultores jubilados sin ningún afán económico y para el consumo propio.

            Visto este triste panorama, uno podría pensar que la revitalización del campo iba a ser uno de los primeros propósitos del nuevo Gobierno “progresista”. Pero no, pues para Sánchez y los suyos, el clamor popular de la gente del campo, y los miles de tractores que estos días recorren las calles de muchas ciudades, se debe a que la sociedad española está exigiendo la aprobación de una ley de eutanasia.

            Y con esta ley de muerte llegará la extinción de toda labor campestre. Porque primero se animará a los enfermos terminales y a los ancianos longevos a que dejen de ser una molesta carga para el Estado y para los suyos. Y como la cultura de la muerte, si le damos coba, siempre exige más y más, ocurrirá como en los Países Bajos, y se acabará con la dispensación de una pastilla a todos los mayores de setenta años que estén cansados de vivir. Sí, la sociedad acabará empujando hacia “una muerte digna” a todos aquellos que hoy aún se preocupan por regar, sembrar y cosechar nuestras tierras. Porque con la aprobación de la eutanasia no solo se acabará con la virtuosa vida de nuestros enfermos y mayores: nuestra dignidad como pueblo quedará en entredicho y conseguiremos que las futuras generaciones se avergüencen de nosotros.

Deja una respuesta