La otra crisis: ¿Ladrones de libros?

            Una tarde más la única persona que entró en la librería era un comercial que andaba desesperado por hacer alguna venta ese día. Al darse cuenta de que el librero tenía todo el tiempo del mundo, pues el establecimiento estaba vacío y nadie se paraba a contemplar el escaparate, aprovechó para contarle todas las bondades de su producto, las facilidades de pago y el excelente mantenimiento que ofrecían.

            Al cabo de un buen rato, el librero le dijo al comercial: “Ojalá en esta librería necesitáramos el objeto que usted nos ofrece. Sería una señal clara de que el libro es considerado un bien preciado, un artículo deseado y demandado por las masas. Pero por desgracia esto no es así. Si la tendencia no cambia, no tardaremos en echar el cierre definitivo”. Se preguntarán ustedes qué es lo que ofrecía ese comercial al pobre librero. Pues… ¡una alarma antirrobo!

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