La otra crisis: La verdad no importa

           Parece mentira, pero los mismos progresistas que hace algunos años defendían esa máxima de Benjamin Franklin de que “es preferible que cien personas culpables puedan escapar a que un solo inocente sufra”, asumen ahora la desaparición de la presunción de inocencia cuando es una mujer la que denuncia a un hombre. Además, se ha invertido la carga del aprueba y será este el que tendrá que demostrar su inocencia.

            Afirman los progresistas de nuevo cuño que no se pueden arriesgar a que la mujer sufra de verdad una supuesta agresión y que por eso hay que encarcelar a todo hombre que sea denunciado. Es paradójico, pero por un posible mal futuro están dispuestos a cometer un cierto mal presente. La Ley de violencia de género española, además de atentar contra la justicia más elemental, realiza un desprecio explícito a la verdad. En esta ley la verdad pasa a estar en un segundo plano, pues ni se plantean que la denuncia de una mujer pueda ser falsa. Esta ley es la demostración clara de que es el relativismo el que impera en la sociedad española. Tanto es así que, aunque al final se demuestre lo contrario, estos progresistas de nuevo cuño seguirán apoyando a la falsa denunciante, poniendo en un mismo plano a la mentira y a la verdad.

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