La otra crisis: Que los muertos entierren a sus muertos

            Parece mentira que Franco, fallecido hace casi cincuenta años, siga apareciendo en el programa electoral del partido socialista. Dentro de muy poco no quedará en España ningún superviviente de la terrible Guerra Civil. Y dentro de otro poco más, también desaparecerán las personas que sobrevivieron a la dictadura franquista. Entonces, ¿cómo es posible que nuestro Gobierno en funciones dedique su tiempo y energías en desenterrar un pasado que ya se finiquitó con la Ley de Amnistía de 1977?

            Zapatero pensó que con su Ley de Memoria Histórica de 2007 iba a cambiar el pasado, el curso de la historia, y que el bando perdedor iba a resurgir de sus cenizas para aparecer ante el mundo como el único victorioso. Olvidó Zapatero, y olvida ahora Sánchez, que en la Guerra Civil y en la dictadura todos los españoles resultaron perdedores. Entonces, ¿por qué se empeñan en que unos y otros vuelvan a reconocer los mismos errores y se pida perdón un año tras otro? ¿Qué será lo siguiente tras la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos? Porque seguro que los colmados de odio tienen una larga lista de agravios aún no satisfechos.

            Cuando una persona se deja dominar por el odio, este se convierte en su razón de ser y trata de que sus seres queridos le sigan en el empeño. Por eso, las nuevas generaciones han de decir basta, han de parar los pies a sus mayores si estos están cegados por ese odio que la Ley de Zapatero pretende perpetuar en la historia de España, para que las aguas bajen siempre revueltas y el rédito político no se agote jamás.

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