Ceguera adulta

La otra crisis: Esterilidad infantil

            Quizá, cuando entró en la guardería, no se adaptó bien al grupo de su nueva clase. O tal vez fue que tenía celos de su hermanito que acababa de nacer. La cuestión es que sus padres y maestras trataron de averiguar el motivo de su falta de socialización, de su desinterés en clase, de la apatía para con su hermanito… y no dieron con el problema.

            Y ese interés por saber qué podía causar ese desasosiego en la niña cesó de repente el día en que ella dijo que quería ser él. ¡Ahí estaba el problema! ¡Mira que no darse cuenta antes, con lo que ha sufrido la pobre!

            Y así fue cómo, a sus seis años, empezó el angosto camino de la reasignación de sexo y de… su próxima esterilidad. Cambio de nombre, de vestimenta y de juguetes, tratamiento hormonal, planificación de futuras intervenciones quirúrgicas… Y también cambio de colegio y de compañeros, para que nadie supiera que en su anterior corta vida había sido una niña.

            Parece mentira que unas personas adultas, con supuesto sentido común, se dejen llevar por las ocurrencias, siempre variables, de una niña de seis años y dejen a un lado la realidad que la naturaleza ha determinado desde le mismo momento de su concepción.

            La niña ya es tratada como niño y… ¿todo solucionado? Pues va a ser que no. Sigue con su comportamiento antisocial, con el mismo deseo de llamar la atención cuando hay un adulto presente, con esa agresividad latente en su caligrafía y en sus creaciones artísticas. Pero no, seguro que las personas iluminadas que la tratan lo tendrán más que claro: el problema no lo tiene ella; porque ya quedó resuelto con la reasignación; está en sus pequeños compañeros de clase, en sus maestras, que no la aceptan como niño… Eso será, sí.

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